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La amenaza del fraude por IA en el streaming: 60.000 canciones artificiales al día y millones en royalties desviados

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La industria musical enfrenta una amenaza sin precedentes: más de 60.000 canciones generadas íntegramente por inteligencia artificial se suben cada día a las plataformas de streaming, y hasta el 85% de las reproducciones de este contenido son fraudulentas. Deezer y Qobuz lideran la respuesta con políticas de tolerancia cero, mientras la IFPI califica el fraude en streaming como «robo, simple y llanamente».

El informe Global de Música 2026 de la IFPI, publicado esta semana, ha puesto cifras a un problema que la industria musical digital lleva meses intentando atajar. El fraude en el streaming mediante contenido generado por inteligencia artificial se ha convertido en una de las mayores amenazas para los ingresos de artistas y titulares de derechos en todo el mundo, desviando millones de dólares en royalties hacia actores fraudulentos que inundan las plataformas con música producida en masa por algoritmos.

Las cifras del fraude: una avalancha de contenido artificial

Los datos son contundentes. Deezer, la plataforma francesa de streaming, reveló a principios de 2026 que recibe más de 60.000 pistas completamente generadas por IA cada día, lo que equivale aproximadamente al 39% de todo el contenido que se sube diariamente a la plataforma. En total, más de 13,4 millones de pistas generadas por IA fueron detectadas y etiquetadas en la plataforma durante 2025. Lo más alarmante es que hasta el 85% de todas las reproducciones de música generada por IA fueron identificadas como fraudulentas y, en consecuencia, desmonetizadas y eliminadas del pool de royalties.

El mecanismo del fraude es relativamente sencillo pero enormemente dañino: actores malintencionados utilizan herramientas de IA para generar miles de pistas musicales de forma masiva y luego emplean bots y granjas de reproducciones para inflar artificialmente sus cifras de streaming. Cada reproducción fraudulenta que reciben estos contenidos artificiales reduce proporcionalmente el pago que reciben los artistas legítimos, ya que los modelos de reparto de royalties en streaming se basan en la cuota de mercado de reproducciones totales.

Según un estudio realizado por CISAC y PMP Strategy, hasta el 25% de los ingresos de los creadores podrían estar en riesgo para 2028, lo que podría suponer pérdidas de hasta 4.000 millones de euros en ese momento.

Deezer y Qobuz: tolerancia cero contra el contenido artificial

Deezer se ha posicionado como la plataforma más agresiva en la lucha contra el fraude por IA. No solo etiqueta y excluye el contenido generado por inteligencia artificial de sus recomendaciones, sino que ha dado un paso más allá al comercializar su tecnología de detección de IA, ofreciendo al resto de la industria una herramienta para identificar y combatir este tipo de contenido fraudulento. La compañía ha sido pionera en desmonetizar las pistas detectadas como artificiales, eliminándolas directamente del cálculo de royalties para proteger los ingresos de los artistas reales.

Qobuz, el servicio francés de streaming de alta resolución, se ha unido a esta lucha con una política igualmente firme. La plataforma ha comenzado a eliminar las pistas generadas por IA que parecen haber sido subidas de forma fraudulenta, incluyendo aquellas que suplantan la identidad de artistas existentes o manipulan la actividad de streaming. Además, Qobuz ha anunciado que excluirá el «contenido de IA industrial» de sus recomendaciones editoriales para garantizar la visibilidad y una compensación justa para los artistas reales.

Mientras tanto, plataformas como Suno y Udio, especializadas en la generación de música con IA, sostienen que su actividad está amparada por la excepción de «uso justo» del derecho de autor estadounidense, un argumento que enfrenta creciente oposición tanto de la industria como de los legisladores. La regulación de la IA en la creación musical se ha convertido en una prioridad legislativa en múltiples jurisdicciones, y la próxima ola de regulación podría definir de forma determinante el equilibrio entre innovación tecnológica y protección de los derechos de los creadores.

El debate está lejos de resolverse, pero las cifras del informe de la IFPI y las acciones de Deezer y Qobuz envían un mensaje claro: la industria musical no está dispuesta a quedarse de brazos cruzados mientras el fraude por IA erosiona los ingresos de sus artistas.