Suno estrena sus modelos v6 con Warner, BMG y Believe
Suno, una de las principales plataformas de música con inteligencia artificial y objeto de demandas por derechos de autor en varios frentes, ha lanzado su suite de modelos v6, la primera que la compañía desarrolla con socios de la industria: Warner Music Group, BMG y Believe. Con este estreno, la firma retira simultáneamente sus modelos anteriores y da un paso decisivo hacia el catálogo «licenciado» que venía prometiendo desde noviembre de 2025, cuando pactó con Warner el primer acuerdo de su tipo entre una major y un generador de música con IA.
«v6 está diseñado para expandir lo que es creativamente posible y sentar las bases para lanzar nuevos productos que abran oportunidades de ingresos en todo el ecosistema musical», escribió el cofundador y consejero delegado de Suno, Mikey Shulman, en una entrada de blog. La generación v6 se compone de tres modelos: v6, el buque insignia para suscriptores Pro y Premier; v6-wild, «pensado para la exploración» y más impredecible; y v6-mini, disponible para todos y que, según la empresa, «ofrece mejores y más rápidos resultados que cualquier modelo gratuito».
El director de producto de Suno, Jack Brody, subrayó un punto sensible: los datos con los que se ha entrenado v6 «no incluyen datos de Universal ni de Sony». Ambas discográficas siguen siendo demandantes en el caso coordinado por la RIAA presentado en Boston en junio de 2024, donde alegan infracción de derechos en el entrenamiento de los modelos anteriores de Suno. De hecho, las majors ampliaron su demanda el 25 de agosto para añadir que Suno sorteó la tecnología antidescargas de YouTube, y la compañía admitió el 1 de septiembre que «obtuvo datos de audio de YouTube» con la herramienta YT-DLP, aunque cuestiona la legitimación de los sellos para reclamar y los acusa de «actividades anticompetitivas».
Brody quiso desligar la operación de la mera obtención de datos: «Creo que la forma equivocada de entender estas alianzas es verlas como la adquisición de datos para entrenar nuestros modelos. Se trata de establecer asociaciones que nos permitan construir experiencias de producto totalmente nuevas junto a la industria y los artistas». Según explicó, v6 «se entrenó por completo desde cero» con una combinación de datos licenciados por los socios, datos de preferencia de los usuarios —qué versión de una canción eligen, no audio subido— y los avances técnicos del propio equipo. Warner, precisó, «ha decidido qué música ceder» para el entrenamiento, y desde el primer día «una parte de los ingresos se compartirá con los socios».
El lanzamiento llega en plena tormenta judicial. Suno perdió un caso frente a la alemana GEMA en Múnich el 31 de julio; la danesa Koda la demandó en noviembre de 2025 y la canadiense SOCAN el 2 de septiembre; la editorial Round Hill reclamó el 17 de agosto indemnizaciones que podrían acercarse a los 1.000 millones de dólares; y el cantautor Jason Isbell, junto a otros tres artistas, presentó el 1 de septiembre una demanda colectiva por el uso comercial de sus nombres e imagen sin permiso (un contexto que ya venía marcado por la polémica sobre el rastreo de datos de Suno).
La jugada de Suno contrasta con la de su rival Udio, que tras cerrar con UMG en octubre de 2025 ha firmado con Universal, Warner, Merlin y Kobalt y ha adoptado el modelo de «jardín amurallado» defendido por UMG, en el que la música generada no puede descargarse ni distribuirse fuera de la plataforma. Suno, en cambio, se resiste a ese esquema: su director musical, Paul Sinclair, reclamó en febrero «estudios abiertos, no jardines amurallados». El mismo día del acuerdo de v6, además, UMG anunciaba su propia alianza con ElevenLabs (ver UMG firma un acuerdo global de IA con ElevenLabs), lo que evidencia la velocidad a la que se recomponen las alianzas.
Shulman adelantó que v6 es «la primera de dos fases» y que lo próximo será «un nuevo tipo de producto: experiencias opt-in construidas en torno a artistas individuales, donde los artistas pueden elegir participar y cobrar por ello». En esencia, Suno intenta transitar del conflicto a la colaboración sin renunciar a su filosofía abierta. Si lo consigue, habrá dibujado un modelo alternativo al de UMG; si no, tendrá que hacerlo mientras los tribunales de medio mundo deciden cuánto le costará su pasado.
