Un modelo de streaming más justo para artistas y fans

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Los servicios de streaming, más notablemente Spotify el cual es el más grande actualmente, funcionan bajo un sistema dejusticia streaming royalties regalías regalías que puede considerarse «parimutuel«: todo el dinero que ingresa va a un gran bote, Spotify se queda con el 30% de todo, y el restante es distribuido a los artistas en forma proporcional al número de reproducciones de su música. Spotify lo explica claramente en su apartado para artistas. Esta forma de funcionar parece totalmente razonable y justa: si un artista quiere hacer más dinero, lo único que debe hacer es conseguir que más personas reproduzcan su música. Pero existe una gran disparidad en este modelo de negocio que no se discute lo suficiente: Spotify no genera dinero de las reproducciones. Spotify paga dinero por las reproducciones y hace dinero de las suscripciones.

Entonces, ¿por qué existe una disparidad?

Digamos que una persona es fan hardcore del death metal y desea escuchar su canción favorita de su banda favorita «Butchers of the Final Frontier». Así que se suscribe a Spotify, escucha una canción y luego decide que no le gusta el servicio y que no lo utilizará más. Sin embargo ya ha pagado los $10 que cuesta la suscripción. Entonces, si sólo le dio play a una canción, esta le generó a la banda aproximadamente $0.007 y Spotify se ha quedado con $3, lo cual es bastante justo. Pero, ¿qué sucede con los $7 restantes?

Spotify diría que los ha pagado en royalties a los artistas, pero ya hemos establecido que por reproducción, este artista en particular sólo recibirá $0.007 de los $10 que ya ha pagado el suscriptor. Entonces ¿cómo se descompone esa cifra?

Como Spotify es bastante reticente a hablar sobre este tema, Sharky Laguana se ha dado a la tarea de escribir esta pieza para brindar un poco de información relevante tanto a fans como a artistas. Lo que sucederá con el dinero restante de la suscripción del ejemplo anterior, es que el 99.9% irá a parar a los bolsillos de artistas más populares como Calvin Harris, Meghan Trainor, Maroon 5 y Avicii. Sí, es correcto: todo el ingreso que ha sido generado en su totalidad por una pequeña banda de death metal se dividirá entre un puñado de grandes artistas de pop.

¿Cómo es esto posible?

Parece inconcebiblemente incorrecto, sin embargo, el sistema actual de pagos de regalías en streaming funciona de esta manera, en la que los artistas que generan más reproducciones son los que recibirán más dinero, aún cuando existan suscriptores que nunca reproduzcan este tipo de música. Parte del dinero proveniente de un suscriptor único que utilice el servicio solo para escuchar tres o cuatro artistas de su preferencia, inevitablemente irá a parar a los bolsillos de Lady Gaga y One Direction, aún cuando nunca haya escuchado sus discos en la plataforma.

Una vez que un artista pop alcanza cierto umbral de reproducciones, es una certeza matemática que sus regalías van a exceder lo que sus fans han pagado en suscripciones y tristemente, esta tendencia se cumple a expensas de artistas independientes con menor cantidad de fans.

Imaginemos que la venta de discos físicos o de descargas se vendiese de igual manera: que todo el dinero generado por ventas fuese a parar a una caja genérica, y que luego estos ingresos se repartiesen en forma proporcional a la frecuencia en la que esos discos son reproducidos, en lugar de que cada artista reciba la compensación correspondiente por la venta directa de su material.

En el pasado muchos han afirmado que forzar a un consumidor a comprar un album entero cuando sólo quieren escuchar un single es una «estafa», pero la solución a este problema tampoco sería que otros artistas obtengan beneficios por música que no ha sido creada por ellos. Sin embargo, esta es la forma en la que el streaming funciona en la actualidad.

La ironía es que cada reproducción le cuesta dinero a Spotify (servidores, ancho de banda, ingenieros, etc). Entonces los artistas con más reproducciones, que generan más gastos a Spotify, son los que irónicamente reciben la mayor cantidad de los ingresos.

¿Entonces, cuál sería la solución?

Una forma de que el streaming page regalías más justas sería que éstas se pagasen en base a la cantidad de suscriptores y no en base a las reproducciones.

Si alguien paga $10 al mes, y durante este mes sólo escucha Butchers of the Final Frontier, entonces esa banda debería recibir el 100% de las regalías. Esta persona no ha escuchado a ningún otro artista, entonces ningún otro artista debería recibir dinero de esta suscripción.

Digamos que esta persona escucha a los Butchers, pero el 25% del tiempo escucha a Madonna. Los 7$ pagaderos en royalties de esta suscripción, serían divididos así: los Butchers reciben $5.25 y Madonna $1.75. De esta forma lo que esta persona paga en suscripción se divide entre los artistas que de verdad ha escuchado.

En este sistema más equitativo, el suscriptor está pagando por escuchar a ciertos artistas, entonces son estos artistas y sólo estos artistas los que deberían recibir dinero de esta persona. El modelo estaría basado en el mismo modelo que mueve a los propios artistas: conseguir más seguidores.

¿Qué sucede si un suscriptor no escucha nada en absoluto? ¿Si durante ese mes no le apeteció escuchar nada de música? En el modelo actual, este dinero se distribuye proporcionalmente entre los artistas según su número de reproducciones, lo cual ejemplifica muy claramente como éstos artistas (y sus sellos) ganan dinero sin tener necesariamente reproducciones. En el modelo alternativo, esta suscripción se dividiría proporcionalmente entre los artistas según su cuota de suscriptores, y no de reproducciones. De esta forma se recompensa a los artistas que traigan negocio a la plataforma.

Si Spotify adoptase este enfoque, podrían suceder cosas maravillosas. De pronto, sería posible para algunos artistas independientes con bases de fans modestas, generar regalías decentes. Géneros musicales que tienen bases de fans pequeñas, pero fieles (jazz, música clásica, death metal) verían beneficios provenientes de sus fans más dedicados. Y quizás lo más importante, los fans tendrían en sus manos el poder de apoyar directamente a sus artistas favoritos, en lugar de ver cómo gran parte de lo que pagan se diluye entre una cultura de singles.

Este modelo también podría tener un impacto dramático en la percepción del streaming dentro de la industria. Lo que se percibe ahora es que los artistas no están contentos con los ingresos que reciben, lo que ha forzado al  CEO de Spotify a tomar un tono defensivo y solicitar feedback de los artistas sobre cómo pueden hacerlo mejor. Si los artistas pudiesen tener un beneficio directo y visible de cada suscriptor que escucha su música, todas las bandas y artistas serían como anuncios publicitarios vivientes para Spotify. No es difícil de imaginar una mesa de merchandise en un concierto con iPads para que los fans se suscribiesen a Spotify, si tan solo ese artista tuviese un beneficio directo.

¿Significaría esto que si a un artista independiente le va bien en Spotify, estaría quitándole beneficios a artistas populares como Taylor Swift? Es probable que incluso le vaya mejor que ahora. Artistas como Swift con un amplio catálogo y fans ultra apasionados, probablemente tendrían mucho más éxito. Aquellos que perderían serían los artistas que no contasen con una base de fans sólida y apasionada o que tengan un catálogo limitado.

¿Estarían dispuestos los servicios de streaming a adoptar un sistema como este? El problema principal vienen siendo los grandes sellos, quienes no estarían dispuestos a licenciar grandes catálogos si no se genera un retorno sustancioso. Es bastante obvio que un cambio semejante no prosperaría sin la colaboración de los sellos, ¿estarían dispuestos a aceptar una alternativa? Deberían. Un modelo como el propuesto movería los ingresos lejos de los «one-hit-wonders» y los llevaría a las manos de los artistas que construyan relaciones duraderas con sus fans. Considerando el dinero, el riesgo y esfuerzo que se ponen en crear una canción exitosa, este modelo podría funcionar muy bien para los sellos en el largo plazo. Y, como efecto secundario una gran cantidad de artistas independientes se vería beneficiada.

Fuente: Cuepoint

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